22 de marzo de 2022

Crimen y ¿Castigo?

La guerra entre Rusia y Ucrania saca a flote una serie de cuestiones pendientes. La invasión no se da porque sí y tampoco se terminará así como así. A continuación, haré un breve recorrido histórico para visibilizar los temas que quedaron en el aire, pues la historia parece sepultar los graves crímenes cometidos por las “potencias”, dejándolas sin castigo. ¿Será que la invasión de Rusia a Ucrania seguirá el mismo destino o, como Rodión Raskólnikov, recibirá el castigo por su crimen?

En los 90s, con la disolución de la Unión Soviética y el fin teórico de la Guerra Fría, el dólar como la moneda referente en el mundo y la crisis económica de la recién creada Rusia, Estados Unidos sintió que se apoderó del planeta. De hecho, Estados Unidos y Rusia, que antes representaban bandos totalmente opuestos, llegando a dividir el mundo en una serie de “mundos” donde aquel era el primero y este el segundo, parecían estar construyendo buenas relaciones. Comenzó entonces un único orden global: el de EE. UU. La OTAN, fundada inicialmente para expandir la ideología occidental y evitar la victoria de la postura de los soviéticos del Pacto de Varsovia, parecía no tener sentido.

Sin embargo, en 1999 las buenas relaciones se complicaron. Como se verá, la intervención de la OTAN en Serbia es un antecedente importante para comprender el conflicto actual entre Rusia y Ucrania.

Yugoslavia, el Estado que hoy es Serbia, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Montenegro, Croacia, Estonia y Macedonia, era uno de los “países no alineados”. Desde 1948, con Josip Broz (Tito) como máximo dirigente, se rompieron los vínculos con la Unión Soviética y se instaló una política exterior independiente. La ruptura con la Unión Soviética permitió pensar en un nuevo modelo económico. Sin embargo, se afirma que Yugoslavia terminó adoptando “lo peor del capitalismo y del socialismo real” (Taibo, 2018, p. 27). Este sistema conllevó a que la deuda externa se multiplicara por tres entre 1975 y 1981 y a una incapacidad para reducir las diferencias en ingresos entre los territorios. La crisis económica y étnica, que se agudizó tras la muerte de Tito en 1980, resultó en el auge de un nacionalismo agresivo en Serbia. Este nacionalismo se fundamentaba en que el fortalecimiento de Yugoslavia ocasionaba el detrimento de Serbia, pues sus recursos se destinaban a las repúblicas más pobres.

Entre 1987 y 1991, las autoridades serbias tomaron el control de los medios de comunicación para difundir mensajes de defensa de los intereses de los serbios en las demás repúblicas. Con las elecciones de 1990, fracasaron las propuestas para mantener el orden federal. En todas las repúblicas triunfaron los partidos de corte nacionalista. En definitiva, el estado federal se rompió tras la conformación de un bloque serbio, constituido por Serbia, Montenegro, Kosovo y la Vojvodina. Este bloque buscó atraer partes de Bosnia – Herzegovina y de Croacia y, con el montenegrino Branko Kostić como presidente federal, el ejército nacional se puso de lado del bloque serbio.

En atención al nacionalismo extremo del bloque serbio, las demás repúblicas, antes orientadas a la preservación del orden federal, se inclinaron por la independencia. Este fue el caso de Croacia y Eslovenia en 1991. Los parlamentos de ambas repúblicas aprobaron por mayoría abrumadora las leyes que las desvincularon de Yugoslavia, derogaron las leyes federales y rompieron vínculos con las demás repúblicas. La anterior declaratoria resultó en la guerra serbo – croata y, en 1992, a su extensión hacia Bosnia – Herzegovina tras su declaratoria de independencia. El resultado de esta última fueron más de 150.000 muertes, un inmenso número de mujeres violadas y más de dos millones de personas desplazadas (Malcom, 1994, p. 252).

En diciembre de 1995 se firma el Acuerdo de Dayton (negociado en Estados Unidos). Celebrado entre los presidentes de Bosnia – Herzegovina, Croacia y Serbia, garantizó la integridad territorial de Bosnia – Herzegovina. Ahora bien, en el ámbito militar, este acuerdo implicó el traspaso de la autoridad de UNPROFOR de las Naciones Unidas en el territorio a una nueva instancia denominada IFOR, dependiente de la OTAN. IFOR contaba con 60.000 hombres, comprometidos a garantizar el alto al fuego, establecer una zona de separación entre los contendientes y controlar el cumplimiento de los acuerdos en materia de limitación de armamentos. En el fondo, el traspaso de la ONU a la OTAN en materia militar buscaba “facilitar la pervivencia de ésta y de presentarla como la única organización capaz de garantizar el futuro de un plan de paz” (Taibo, 2018, p. 79; Romero García y Romero Catalán, 2016, pp. 309 – 315).

Las dinámicas de la OTAN no terminan allí. En 1998 estalla la guerra entre Serbia y Kosovo. Este había logrado la condición de republica autónoma en 1974, pero el auge del nacionalismo serbio llevó a que se aboliera dicha condición. De ahí que se originara la resistencia por parte de Kosovo, buscando su independencia. La firma del Acuerdo de Dayton fue percibida como una traición del mundo occidental, pues permitió modificar las fronteras de Yugoslavia sin hacer referencia a Kosovo. La resistencia dio la espalda a los movimientos no violentos y se creó el Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) (Romero García y Romero Catalán, 2016, pp. 321 – 326). Los enfrentamientos entre el ELK y la policía serbia comenzaron en marzo de 1998.

En febrero de 1999 se celebró una conferencia de paz en Rambouillet. Allí, Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido y Rusia propusieron varias medidas entre las que se encontraba el envío de 28.000 soldados de la OTAN con libertad de maniobra por le territorio que integraba Serbia y Montenegro. La delegación que representaba lo que quedaba de Yugoslavia se negó a firmar los acuerdos y de ahí se fundamentó la intervención de la OTAN.

Desde el 24 de marzo de 1999 hasta mediados de junio, la OTAN bombardeó objetivos militares y civiles en Serbia y Montenegro para obligar al régimen serbio/yugoslavo a aceptar las propuestas de Rambouillet. Serbia respondió con una cruel represión en Kosovo. No obstante, tras la catástrofe (donde las bajas de la OTAN fueron nulas) y la amenaza de una intervención terrestre de la OTAN, Serbia aceptó las propuestas.

Cabe resaltar que, el día en el que comenzaron los bombardeos, Yevgeny Primakov, entonces primer ministro ruso, estaba en camino a Estados Unidos esperando obtener unos prestamos del Fondo Monetario Internacional. En el trayecto, Primakov llamó al vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, para pedirle que detuviera los ataques aéreos sobre Serbia. Al Gore respondió que el ataque era inevitable, Rusia no tenía nada que hacer. Dicha respuesta suspendió las buenas relaciones entre Estados Unidos y Rusia (Gessen, 2022, párr. 5).

Varios comentarios sobre los bombardeos de la OTAN. En primer lugar, lo actuado ignoró y violó el derecho internacional. Por un lado, la intervención no surgió a partir del ejercicio de legítima defensa y, por otro lado, desde 1999, la organización anunció que se reservaba la facultad de intervenir en algunos escenarios sin la necesidad de contar con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. En segundo lugar, occidente optó por la guerra, sin agotar mecanismos de resolución pacífica del conflicto, y sin ser capaz de prever la represión por parte de Serbia hacia la población de Kosovo.

El fiscal en jefe para el Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, Louise Arbour designó un grupo encargado de investigar las denuncias de crímenes de guerra cometidos por la OTAN durante la intervención. El grupo documentó que la organización había sido responsable del bombardeo a un tren con pasajeros, con convoy de refugiados, un pueblo en Kosovo, la embajada de China en Belgrado y las oficinas de difusión de radio y televisión en Serbia. Cuando el reporte estaba listo ya había vencido el término de Arbour, quien fue remplazada por Carla Del Ponte. Esta última decidió no continuar con la investigación, pues presentar cargos contra las naciones que aportaban el presupuesto al Tribunal ocasionaría la retirada de los fondos y, por consiguiente, el fin del mismo (Gessen, 2022, párr. 7).

Habiendo explicado el contexto en Yugoslavia y la intervención bélica de la OTAN, pasaré a abordar el actual conflicto entre Rusia y Ucrania. Como se verá, la intervención rusa tiene muchos elementos en común con la de la OTAN. De hecho, en su discurso del 21 de febrero de 2022, Putin hizo referencia al bombardeo por parte de la OTAN en Yugoslavia para justificar su intervención en Ucrania. Su argumento se basa entonces en que, si occidente logró definir las fronteras de Kosovo, Rusia puede dibujar las fronteras de las repúblicas de Donetsk y Lugansk. Las potencias se justifican entre sí, exigiendo el cumplimiento del derecho internacional al resto, pero no para ellos.

Un primer antecedente al conflicto actual se da con la expansión de la OTAN tras la disolución del Pacto de Varsovia. En 1999, la OTAN llega a Polonia, República Checa y Hungría. Luego, en 2004 se incorporan Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Bulgaria, Albania, Croacia, Eslovenia y Eslovaquia. La expansión se realizó a pesar del fuerte rechazo que manifestó Rusia desde los 90s. El punto más crítico se dio en 2008, cuando, tras el Summit de Bucarest de la OTAN, la organización saludó las aspiraciones de Ucrania y Georgia de pertenecer a la organización (OTAN, 2008, pár. 23). Tanto Putin como el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia condenaron la decisión. Putin la catalogó como una “amenaza directa” a Rusia (Mearsheimer, 2015).

Otro antecedente que vale la pena destacar es que, en 1994, con el Memorándum de Budapest, Ucrania le entrega las armas nucleares a Rusia con la condición de que esta jamás invadiera su territorio.

Ahora, el 1 de diciembre de 2013 surgen fuertes manifestaciones en Kyiv. Todo comenzó cuando el expresidente de Ucrania, Yanukovych entabló diálogos con la Unión Europea para anexar al país a la organización. Rusia condenó ese acercamiento. Al final, la falta de aprobación de Rusia llevó a que Yanukovych rechazara a la Unión Europea en noviembre de ese mismo año. Esto desencadenó fuertes protestas en contra del presidente (conocidas como Maiden), quien respondió violentamente. Para el 20 de febrero, 40 manifestantes habían perdido la vida (Mearsheimer, 2015). El 22 de febrero, el presidente huyó a Rusia y se conformó un gobierno interino con Arseniy Yatsenyuk como primer ministro, a la espera de las elecciones en mayo.

Por otro lado, en Crimea, ubicada al sur de Ucrania, los manifestantes pro-rusos eran mayoría. El 28 de febrero de 2014, militares rusos ingresaron a la base militar rusa ubicada en ese territorio. Luego, el 6 de marzo, el parlamento de Crimea votó a favor de unirse a Rusia y programó un referendo para el 16 de marzo donde, a pesar de las irregularidades alegadas, el 97 por ciento de la población estuvo a favor de pertenecer a Rusia.

Tras ello, en el este de Ucrania estalla una guerra civil. Se trata de Donbás, un territorio integrado por las regiones de Donetsk y Lugansk. Ambas cuentan con una alta población pro-rusa, lo que llevó a que se crearan fuerzas separatistas y que se declararan repúblicas populares independientes. El ejército ucraniano intentó retomar el control del territorio. A la fecha, los enfrentamientos dejan más de 14.000 muertes (International Crisis Group, 2022).

El 5 de septiembre de 2014, Ucrania, Rusia, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y los representantes de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk firmaron el Protocolo de Minsk (Minsk I). Por medio de este, inter alia, se decretaba un cese al fuego en Donetsk y Lugansk; se obligaba al Parlamento ucraniano a definir el territorio al que se le otorgaría autogobierno local provisional; y, Ucrania se comprometía a realizar una reforma constitucional donde se instalara la descentralización y se hiciera referencia a las características especiales de ciertas zonas en las regiones de Donetsk y Lugansk.

El acuerdo logró reducir la intensidad del conflicto, pero en esencia, fracasó. De ahí que, el 12 de febrero de 2015, Ucrania, Rusia, Francia, Alemania y los representantes de las repúblicas populares firmaran el “Conjunto de medidas para la aplicación de los Acuerdos de Minsk” (Minsk II) (Foundation Jean Jaurès, 2019). El objetivo de Minsk II era reactivar Minsk I. No obstante, a pesar de lo acordado, el gobierno ucraniano se rehusó a cumplir con lo acordado (Santos, 2022, párr. 4).

El 24 de febrero de 2022, la Rusia de Putin invade Ucrania, violando lo acordado en el Memorándum de Budapest.

Evidentemente, la guerra no surge de repente. Existe un trasfondo histórico importante que no puedo abordar por completo en este espacio. No obstante, el corto recuento de la intervención de la OTAN en la disolución de Yugoslavia, particularmente la guerra de Kosovo permite hacer un paralelo con el conflicto actual. Si se hiciera una secuencia, los hechos se verían así:

KOSOVOUCRANIA
1. Kosovo buscaba independizarse del régimen serbio/yugoslavo.1. Lugansk y Donetsk buscan independizarse de Ucrania.
2. La república de Serbia responde militarmente, evitando la independencia.2. Ucrania responde militarmente, evitando la independencia.
3. Estados Unidos, Alemania, Francia, Reina Unido y Rusia proponen los Acuerdos Rambouillet.3. Ucrania, Rusia, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, Francia y Alemania y los representantes de las repúblicas populares de Lugansk y Donetsk proponen los Acuerdos de Minsk I y II.
4. Yugoslavia se niega a aceptar los acuerdos.4. Ucrania se niega a cumplir los acuerdos. 
5. La OTAN interviene militarmente en Serbia y Montenegro.5. Rusia interviene militarmente en Ucrania.

Quizás la diferencia más importante se trata del castigo. Como se estudió, Estados Unidos y la OTAN no fueron sancionados internacionalmente por la intervención. Al final, lo sucedido fue catalogado como una intervención humanitaria (Gessen, 2022, párr. 6). Esa conclusión no solo resulta paradójica, sino lejana a la realidad. Es paradójica, puesto que da cuenta de que, como explica Boaventura de Sousa Santos, occidente solo se expande en la medida en que viola todos sus principios. “Los derechos humanos son así violados con objeto de ser defendidos, la democracia es destruida para salvaguardar la democracia, la vida es eliminada para salvaguardar la vida” (Santos, 2009, p. 173).

Es lejana, puesto que, en el fondo, como se comenzó a hacer evidente desde la expansión de la OTAN en 1999, la intervención de la organización en Serbia buscaba demostrar que Estados Unidos sería quien definiría el destino del planeta. ¿Si se tratara de defender derechos humanos, por qué no hacerlo en el Sahara occidental o Palestina?, ¿por qué no optar por otros mecanismos de solución de conflictos? El objetivo era expandir la famosa “cortina de hierro” hacia el este (German, 1999, p. 174; Taibo, 2018, pp. 100 – 101). De ahí que Rusia se mostrara tan molesta con la expansión de la OTAN hacia Ucrania.

La única diferencia entre la invasión de la OTAN en Serbia y la de Rusia en Ucrania sigue siendo el castigo. Rusia también intenta legitimar su intervención a partir de la necesidad de proteger los derechos de la población de Donetsk y Lugansk, pero lo que ha ocasionado es la muerte y el desplazamiento de miles de personas en pocos días. La contradicción de la OTAN también se aplica en este caso. Además, Rusia también busca mantener a Ucrania en su esfera de influencia, frenando la expansión de la OTAN.

Con todo, ciertamente el conflicto entre Rusia y Ucrania demuestra una lógica imperialista. Para preservar las “zonas de influencia” se ocasiona la muerte de miles de personas. El imperialismo entonces debe ser rechazado, pues es sinónimo de muerte. El derecho internacional ha sido instrumentalizado e ignorado por su mismo creador: el Norte Global. De ahí la importancia de un Derecho Internacional Desde el Sur Global.

Como Raskólnikov, Rusia debe ser sancionada por la intervención. Mientras tanto, el mundo occidental, también como Raskólnikov, enfermará y no podrá contener el remordimiento de haber cometido el (los) crimen(es).


Bibliografía

Foundation Jean Jaurès (2019). Tout ce qu’il faut savoir sur les Accords de Minsken 22 questions. https://www.jean-jaures.org/publication/tout-ce-quil-faut-savoir-sur-les-accords-de-minsk-en-22-questions/

German, L. (1999). The Balkans: Nationalism and Imperialism. Bookmarks Publications.

Gessen, M. (15 de febrero de 2022). How the Kosovo Air War Foreshadowed the Crisis in Ukraine. The New Yorker.

International Crisis Group (2022). Conflict in Ukraine’s Donbas: A Visual Explainer.https://www.crisisgroup.org/content/conflict-ukraines-donbas-visual-explainer#:~:text=The%20armed%20conflict%20in%20Eastern,Luhansk%2C%20also%20known%20as%20Donbas.

Malcom, N. (1994). Bosnia: A Short History. Pan MacMillan.

Mearsheimer, J. [The University of Chicago] (25 de septiembre de 2015). Why is Ukraine the West’s Fault? Featuring John Mearsheimer [Video]. https://www.youtube.com/watch?v=JrMiSQAGOS4&t=2861s

OTAN (2008). Bucharest Summit Declaration Issued by the Heads of State and Government Participating in the meeting of the North Atlantic Council in Bucharest on 3 April 2008. https://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_8443.htm

Romero García, E. y Romero Catalán, I. (2016). Breve Historia de la Guerra de los Balcanes. Ediciones Nowtilus.

Santos, B.S. (2009). Una Epistemología del Sur. Clacso Coediciones y Grupo Editorial Siglo Veintiuno.

Santos, B.S. (2022). How did we get here? Critical Legal Thinking.

Taibo, C. (2018). La desintegración de Yugoslavia. Catarata.

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